GUIAS DE PUERTO DE ESCALA DE CRUCERO (MED. OCCIDENTAL)

AJACCIO (CÓRCEGA) (descargar en pdf con planos) (versió català)

Córcega, isla que tiene al norte la Costa Azul, y al sur la isla Cerdeña. Pertenece a Francia desde 1768. Personajes destacados nacieron en ella, como Napoleón Bonaparte. No es considerada como una región, solo como una colectividad territorial, la "Colectividad Territorial de Córcega"; lo que en la práctica se traduce en un mayor poder relativo que el resto de regiones de Francia. Su lengua, el corso, próxima al italiano, lo encontramos en escuelas y letreros, pero el francés es dominante.

Los griegos la denominaron Kallisté (la más bella), hoy en día se le conoce como la isla de la Belleza. Conunos 1.000 kms de costas, unos 300 son de arena fina, Córcega es un paraíso para los deportes náuticos, el submarinismo y todo lo relacionado con el mar. También la podemos definir como una montaña en el mar. A principios del siglo XX, se le denominó como la isla verde, como elemento diferenciador de otras islas mediterráneas. El turismo es fundamental en la economía de la isla.

Su clima es agradable, su paisaje y su costa la han convertido en destino preferente de los franceses y otros países  de la Europa occidental. Su desarrollo turístico no ha evolucionado  a la par que en otras zonas del Mediterráneo por lo que todavía podemos encontrar rincones vírgenes. El turismo concurre sobre todo alrededor de Porto Vecchio y Bonifacio en el sur de la isla, y Calvi en el noroeste.

Ajaccio, es la capital de la región. Aquí nació Napoleón en 1.769 Sus habitantes son algo más de 50.000.

UN POCO DE HISTORIA

Después de las visitas de griegos, romanos, cartagineses, vándalos y bizantinos, en la Edad Media pasó a depender de Pisa. Esto fue por decisión del Papado y en la isla proliferaron las iglesias, capillas, conventos y nacieron nuevos pueblos. Pasó a depender de Génova a finales del siglo XIII.

Los genoveses construyeron las poderosas ciudadelas de Calvi, Bonifacio, Bastia, Saint-Florent, Porto-Vecchio, Ajaccio. Pero esa dependencia de Génova no fue del agrado de todos y hubo muchas revueltas.

Españoles y franceses intentaron conquistar varias veces la isla . En 1567, fue concedido un régimen particular a Córcega que mantuvo la paz durante 150 años. El arte barroco proliferó en todos los rincones, las cofradías construyeron espléndidas capillas, destacando las pinturas.

Llegado el siglo XVIII, toma relevancia Pascal Paoli, y Córcega intenta conseguir la independencia. Acuñó moneda propia, creó una imprenta nacional, una universidad en Corte. Pero fracasó en la recaudación de impuestos, la justicia, crear un ejército y Génova se apoyó en Francia para controlar la administración de la isla. Tras el intento revolucionario, Córcega quedó bajo el dominio de Francia. Pero los corsos siguen manteniendo la riqueza de su cultura y las maravillas de su patrimonio.

AJACCIO

Ajaccio lo encontramos en el centro de un golfo considerado de los más bellos del mediterráneo, desde el mar podemos observar tras él las montañas que suelen mantener hasta la primavera la nieve. La belleza del lugar se complementa con la suavidad del clima y un estilo de vida «a la ajacciana».

Ajaccio no olvida a su hijo más famoso: Napoleón Bonaparte. Nació en la Rue Saint Charles, en su casa-museo se conservan algunos recuerdos de infancia del último emperador francés. La principal zona de compras se concentra en la Rue Fesch, peatonal y en la Cours Napoleón.

En Ajaccio encontramos que tanto las calles como las estatuas, los monumentos, recuerdan a Napoleón Bonaparte, nació el 15 de agosto de 1769 en la calle Saint Charles. Con 9 años, ingresó en la escuela militar de Brienne. Fue teniente de artillería en 1785 y teniente coronel 2º de la guardia nacional en Ajaccio en 1792. Tuvo problemas y se vio obligado a abandonar su ciudad natal. Volvió a Ajaccio después de la guerra de Egipto y le acogieron como un héroe.

La visita de la ciudad imperial se inicia con la visita de la residencia familiar. Saqueada en 1793 y reparada por la madre de Napoleón en 1798. A continuación visitamos los salones napoleónicos del Ayuntamiento, con numerosos recuerdos que recuerdan al emperador, y seguidamente la capilla imperial.

A mediados de agosto se celebran las Fiestas napoleónicas, un gran desfile, ferias y ceremonias conmemorativas en honor al Napoleón.

Junto a la ciudadela de Ajaccio encontramos la iglesia Saint-Erasme, patrón de los pescadores, su decoración cuenta con maquetas de barcos, y la catedral (1593) en la que bautizaron a Napoleón. En el museo Fesch encontramos colecciones con numerosas obras de Boticelli, Bellini y Titien, donadas por el cardenal Fesch, tío de Napoleón.

No deje de tomar un aperitivo en la terraza de uno de sus muchos cafés. Aconsejable probar los pescados y los productos autóctonos que encontramos en los mercados: embutidos montañeses, quesos de cabra y de oveja de los valles de los ríos Gravona y Taravo, empanadillas de acelgas, de cebolla y de calabaza, las “ambrucciate” (tartas de brocciu -queso de cabra- con limón) regado con vinos de la D.O. Ajaccio.

U Stazzu (1, rue Napoleón) es un comercio recomendable para adquirir la mejor charcutería corsa, hecha con los cochons coureurs (cerdos autóctonos equiparables al ibérico). Las especialidades más destacadas son prisuttu (jamón), coppa (lomo de cerdo salado), lonzu (lomo), figatellu (salchicha de hígado), salamu, salciccia y salcietta.

FUERA DE AJACCIO

Es recomendable no perderse el atardecer con las rojizas puestas de sol sobre las islas Sanguinaires, Las orillas del Golfo de Ajaccio son también de gran atractivo. Si tomamos la carretera hacia el norte la carretera recorre el litoral y pasa por la playa Marinella, y nos lleva a la punta de la Parata, que cuenta con una torre genovesa. Un camino nos lleva hasta un mirador desde donde podemos contemplar las islas Sanguinaires y alcanzar las playas del pequeño y del gran Capo di Feno.

La orilla sur y el balneario de Porticcio es accesible por la carretera junto al mar o en embarcaciones que realizan el trayecto. Entre 3 valles, 3 ríos y flanqueada por 2 torres genovesas, la orilla sur es un lugar que anima a la evasión. Se trata de una ensenada de naturaleza salvaje con calas y playas de arena fina. Podemos adentrarnos a pocos pasos de la playa, por circuitos que nos llevan a bellos horizontes hacia montañas, valles y pueblos.

EXCURSION

Según el tamaño del barco atraca en el puerto o echan el ancla en la bahía, en este último caso nos acercarán a tierra en los botes o barcas.

Una vez en tierra encontramos la oficina municipal de turismo, ideal para conseguir información de la ciudad y sus alrededores, que nos serán de gran utilidad. Dado que  no hay excesivos puntos de interés y que están bien señalizados nos lo podemos tomar con calma.

Podríamos iniciar la visita caminando junto al puerto, con el mar a la izquierda, Quai de la Republique llegando a la Place Foch, que quedará a la derecha. Visitamos el Salón Napoleonien, junto al Ayuntamiento, Hotel de Ville. La entrada costará algo más de 2 euros.

Aquí encontraremos un tren turístico,que realiza un recorrido turístico de unos 45 minutos de duración por la ciudad con dos recorridos, este, el corto cuesta unos 7 euros y hay uno de 90 minutos que nos lleva hasta divisar las islas Sanguinaires por unos 10 euros.

También podemos ir a la Rue Saint Charles para visitar la Maison Bonaparte, casa natal de Napoleón convertida ahora en museo, unos 5 euros de entrada.

Siguiendo por la misma calle, llegamos a la Rue Forcioli-Conti y la Catedral de Ajaccio, donde fue bautizado Napoleón.

Ahora ya hemos llegado a la Ciudadela, zona amurallada de la ciudad y encontramos la Iglesia de San Erasmo, patrón de los pescadores, adornada con maquetas de barcos, situada en su base.

Nos acercamos a la Place De Gaulle, una gran plaza con una estatua ecuestre de Napoleón, junto a sus cuatro hermanos. Si el tiempo lo permite disponemos de una estupenda playa.

Regresamos por la zona comercial, encontrando en el número 1 de la Cours Napoleón la famosa charcutería U Stazzu, donde nos esperan los embutidos típicos. Seguimos por la calle peatonal Rue Cardinal Fesch, y al final llegamos al Palacio Fesch, con el Museo Fesch, muy importante en pintura italiana, y la Capilla Imperial, que es el panteón privado de la familia Bonaparte. Hay que pagar entrada para acceder a ambos unos 6 y 2 euros respectivamente.

Según el tiempo que nos quede deberemos regresar al puerto para abandonar la ciudad o pasear un poco más por sus callejuelas, en busca de algún recuerdo o alguna botella de vino de la D.O.